Lo que hicimos el último verano

Sé que esta entrada, que trata sobre los días que pasé junto a mi hermano Raúl en agosto, llega un poco tarde pero las 24 horas del día no me dan para más. Esto también es una razón para que de vez en cuando uno haga un paréntesis en su vida y aproveche para poner los pensamientos en orden, coger fuerzas y volver a retomar el camino del día a día.

Los 2.000 kilómetros que me separan de mi hermano hacen que nos pensemos bastante nuestras citas e intentemos pasar el mayor número de días juntos en la medida que nos lo permitan las agendas. Además, la extravagancia que nos caracteriza impide que nuestros encuentros se limiten a un `en tu casa o en la mía´ . Así que para no desentonar este verano decidimos recorrer más de 700 kilómetros en bicicleta, a pesar de no haber dado una pedalada en años, a través de un país del que no conocía prácticamente nada excepto que había sido capital vikinga y lo que había visto en la serie de televisión Borgen.

Pero para explicar nuestro último viaje mejor dejo unos enlaces al blog que comparto desde el año 2011 con mi hermano:

Las lágrimas de Povlsen (por Raúl Terrón)

Dinamarca en bicicleta (1ª parte)

Dinamarca en bicicleta (2ª parte)

Dinamarca en bicicleta (3ª parte)

Las lágrimas de Povlsen

Por Raúl Terrón
gr10recorriendomadrid.blogspot.com.es

Los kilómetros que me alejan de mi hermano Ricky no impidieron que esporádicas aventuras imaginarias ocurrieran en nuestras cabezas, todas ellas alimentadas por los estupendos recuerdos que adquirimos durante la travesía por el GR10 madrileño en 2011. Algunas veces en estos años charlamos sobre ellas. Pero las pasadas navidades, durante mis vacaciones en España, el asunto se puso serio.

Nos convencimos de disfrutar de una nueva peripecia en el verano de 2016. La bicicleta fue el medio escogido sin lugar a discusión, pero el escenario no lo teníamos tan claro. Unos días más tarde, Ricky me propuso Dinamarca como lugar de destino. Tras compadecer a los daneses, porque no tienen culpa de nada, decidimos que allí sería. Pero posteriormente mucha gente me ha formulado la pregunta “¿Por qué Dinamarca?”.

Es una buena pregunta sin una respuesta clara. Tratarse de un país bastante plano le hizo ganar muchos puntos. Sin embargo, no es barato y no comparte el Euro como moneda común. La lógica le otorgaba varios argumentos a favor y algunos en contra. Pero siempre hay que buscar el punto romántico a todas las historias y para mí al nombre de Dinamarca me lleva de regreso al verano de 1992. Entonces, un grupo de insolentes futbolistas daneses arrebataron la Eurocopa de selecciones a sus poderosos rivales, que observaron atónitos e impotentes como los invitados vikingos se llevaban los restos de la cena a casa. A la de Odín, concretamente.

Aquel día, el delantero Fleming Povlsen lloró frenéticamente durante media hora, entre el desconcierto y el júbilo. Esas lágrimas se convirtieron, en mi cabeza pre-adolescente, en la madre de todas las lluvias de alegría. La misma lluvia que, si las predicciones no se equivocan, nos acompañará intermitentemente durante nuestro periplo danés.

Una vez decidido el destino, se han sucedido varios meses de trabajo intenso: billetes de avión, alojamientos, bicicletas, presupuestos, etc. También preguntar muchas dudas a nuestros amigos daneses, que buena ayuda nos han prestado. Trabajar el cuerpo y la mente con duro y constante entrenamiento y la lectura de alguna novela de Jussi Adler-Olssen, que os recomiendo leer aunque no tengáis intención de ir a Dinamarca.

Esperamos tener una buena ruta, obtener fabulosos recuerdos como aquellos que ya cumplen cinco años. También poder contarlo en este blog. Pero ante la preguntas de porque Dinamarca, no tenemos una respuesta precisa. Yo solo puedo decir que cuando mi hermano me lo propuso, mi memoria evocó la lluvia de verano de Fleming Povlsen.