Exilio

Estaba conversando con Julián, un compañero de IU, sobre la cantidad de personas que están emigrando para buscarse la vida fuera de nuestras fronteras. “España es un país que expulsa a la gente”, me dijo. Esa frase me ha dado mucho que pensar, quizá porque me ha tocado vivir de cerca esa situación. Sobre todo son jóvenes los que hacen las maletas y se enfrentan a un futuro incierto fuera de nuestras fronteras. Nos dicen que somos una generación muy preparada, incluso se escucha que la mejor preparada de la historia. Pero nos vamos porque en España no hay futuro. Las políticas de la troika están acabando con los derechos laborales, precarizando aún más nuestra existencia, imponiendo recortes sociales y abonando las colas del paro. Una realidad que el gobierno del PP no quiere ver. Marina del Corral, Secretaria General de Inmigración y Emigración, achacó la fuga de jóvenes a su espíritu aventurero.

La señora Corral debió pensar que somos idiotas y que nos íbamos a tragar esa excusa. Mal vamos si las instituciones no reconocen el grave problema que supone la emigración.

La juventud vuela, esa en la que la sociedad ha depositado su esperanza. Nos formamos durante años pero no dejan que ese esfuerzo revierta en nuestro país. Se expulsa a miles de jóvenes para que sus huesos den con trabajos de tercera categoría a miles de kilómetros de sus hogares. Con esto no quiero decir que sean trabajos indignos, seguramente mucho más que la miseria en la que nos están sepultando los escombros del capitalismo, un sistema que se desmorona. Pero ser mileurista en Inglaterra, por poner un ejemplo, no deja de ser una explotación.

Al problema social y económico que deriva de la emigración se suma el personal. Las y los jóvenes que se van tienen rostro y nombre, y dejan una vida atrás. Me duele profundamente que nos obliguen a estar alejados de las personas a las que queremos. Los padres, hermanos, parejas… de quienes se busca la vida en el extranjero estamos directamente afectados pos esta situación.

Pero la sociedad comienza a tomar conciencia. Se levanta contra un sistema que ha convertido la brecha entre los trabajadores y los capitalistas en un enorme abismo.  Es la rebelión de los que no tienen nada que perder mas que sus cadenas. Espero que dentro de unos años Julián me diga que “España es un país que ama a la gente”.