Ir lento es el camino más rápido

Mi cerebro funciona extremadamente rápido. A veces, siento que mis pensamientos me atropellan y el solo ejercicio de reflexionar me deja exhausta.

Creo que soy la viva imagen de una generación neurótica, obsesionada con las transformaciones vertiginosas y los milagros financieros. Eso explica por qué tantas personas se han hecho una fortuna vendiendo métodos para hacerse millonario “sin esfuerzo”.

Cuando tenía 14 años, me urgía cumplir 18 y ser independiente. Cuando cumplí 18, me hubiera gustado volver atrás y hacer un mejor uso del tiempo.

Sé lo que es la impaciencia. Puede enloquecerte.

Después de haber alcanzado un umbral de ingresos francamente bueno para mi edad y las horas que trabajo, comencé a darme cuenta de que estaba viviendo como si tuviera 14 años otra vez: nada era suficiente.

Tenía momentos de lucidez en los que entendía lo afortunada que era, pero no duraban mucho. Seguía deseando un futuro al que es imposible llegar sin haber resuelto el presente.

Estaba tan enfrascada en la velocidad, en el hambre de conseguir, que mi vida comenzó a verse como un papel tapiz barato: una continuidad de formas y colores, mayormente sin sentido para el espectador.

Somos la generación de la impaciencia y la eterna búsqueda del sentido

¿Qué es una vida digna, si no la oportunidad de hacer las cosas bien? Pero esa oportunidad nunca está en el futuro, solo existe en el presente, cuando todavía no hemos arruinado las cosas.

La oportunidad se repite cada mañana, cuando todo renace después de haber estado desactivado un par de horas.

Creo que estamos confundiendo la productividad con el atropello, y la libertad financiera con la esclavitud mental.

Mejor dicho, no existe tal cosa como “libertad financiera” si no te alegra el alma lo que haces.

El dinero es un buen compañero de viaje, pero un día te das cuenta de que se puede tener los bolsillos llenos y no entender qué demonios haces aquí.

Entonces, opino que lo hemos entendido todo mal. Lo que buscamos es independencia mental, porque no es el dinero lo que puede hacerte libre, sino lo que decides hacer con él.

Eres tú quien te libera de ti mismo.

¿Se puede tener independencia financiera y libertad mental?

Sí lo creo, solo que el orden importa.

Antes de alcanzar la independencia financiera, encuentra algo que te apasione de corazón. Haz de esto tu himno personal.

El mundo de hoy está lleno de métodos, inversiones, acciones, criptomonedas, comercio electrónico...

Tal vez no me creas si te digo que es imposible tener éxito en cualquier de esas cosas si no te despierta entusiasmo.

Quizá prefieras invertir todo tu dinero en alguno de estos instrumentos milagrosos para ser rico antes de la próxima Navidad.

Y está bien, no estoy aquí para evitar que acumules experiencias. Únicamente, puedo compartir lo que he vivido, y te diré que ir lento es el camino más rápido.

Dale tiempo a una planta para que crezca y los frutos serán más dulces. Dale tiempo a una herida abierta y sanará.

La idea de que estamos en una carrera constante para hacer que las cosas pasen es, en realidad, un miedo terrible a la muerte. Y más que a la muerte, a la vida que estamos teniendo.

Pero si disfrutas el camino, si te gusta la ruta de tren que elegiste, entonces no importa que sea un tren lento. Harás el viaje con intención, sin prisa.

#minimalismo

© por Rita Arosemena–Perez. | ¿Algún comentario? Encuéntrame aquí: LinkedIn | Email

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