Cómo dejar de ayudar a las personas (y por qué es bueno hacerlo)

Cuando somos niños, nos enseñan que ser buena persona es servir desinteresadamente, pero cuando crecemos nos damos cuenta de que el exceso de ayuda es tan negativo como no ayudar en absoluto. Tiene que haber un límite, o estaremos bloqueando el aprendizaje de los demás y adueñándonos de sus problemas.

A veces, lo mejor que podemos hacer es permitir que los demás se ayuden a sí mismos. Cuando dejamos de interferir, las personas se ven obligadas a pensar y actuar por su cuenta. A largo plazo, esta es una mejor solución a sus dificultades en la vida, porque no dependerán de nadie para tomar decisiones.

Además, se darán cuenta de que son más fuertes de lo que suponían.

¿Qué pasa cuando ayudamos más de la cuenta?

Aumenta el riesgo de Síndrome de Burnout

No hemos estado expuestos directamente a la escena del trauma, pero escuchamos la historia contada con tanta intensidad o escuchamos historias similares con tanta frecuencia, o tenemos el don y la maldición de la empatía extrema, que sufrimos. Sentimos los sentimientos de nuestros clientes. Experimentamos sus miedos. Soñamos sus sueños. Con el tiempo, perdemos cierta chispa de optimismo, humor y esperanza. Nos cansamos. No estamos enfermos, pero no somos nosotros mismos.

Dr. Charles R. Figley, Compassion Fatigue (1995)

Esta frase del Dr. Charles R. Figley se refiere a la fatiga por compasión, que ocurre con bastante frecuencia entre los profesionales del área de la salud. Al dedicar la mayor parte de su tiempo al cuidado de los demás, las personas que trabajan con enfermos o poblaciones desfavorecidas, o pacientes de salud mental son más propensos a desgastarse emocionalmente, al punto de sentir que pierden su identidad.

En la vida cotidiana, un término más exacto para describir lo que nos pasa cuando ayudamos en exceso es burnout o Síndrome del Quemado. Tal vez hayas escuchado hablar de él en el ámbito laboral, pero puedes experimentar exactamente los mismos síntomas cuando das demasiado de ti a otras personas en tu vida personal.

De hecho, la fatiga por compasión y el burnout tienen síntomas en común1:

  • Agotamiento físico y mental.
  • Pérdida del sentido de satisfacción o significado.
  • Síntomas físicos o emocionales que no derivan de causas reales.

Se disparan los niveles de estrés y los problemas de salud

Buscar el bien de otras personas siempre será un propósito noble, pero ayudar en exceso puede convertirse en una fuente constante de estrés2. Cuando nos estresamos, nuestro cuerpo reacciona físicamente a estímulos que no son reales, como un pensamiento anticipatorio.

Como explica el Dr. David Hamilton3:

La respuesta al estrés evolucionó en los humanos para darnos la capacidad de luchar o huir cuando nos enfrentamos a un peligro. Pero exactamente la misma respuesta al estrés se activa cuando imaginamos un peligro (…) Independientemente de si el peligro es real o imaginario. ¿Qué significa todo esto en la vida real? Significa que lo que imaginas que está sucediendo, en realidad está sucediendo.

Como resultado de estar emocionalmente exhaustos, y muy estresados, nuestra salud física y mental comienza a deteriorarse:

  • Nos volvemos más irritables.
  • Tenemos problemas para dormir.
  • Experimentamos alegría con menos frecuencia.

Impedimos que las personas descubran su potencial

Uno de los descubrimientos más fascinantes en el campo de la neurociencia es la plasticidad cerebral, que se refiere a la «capacidad del sistema nervioso para cambiar su actividad en respuesta a estímulos intrínsecos o extrínsecos mediante la reorganización de su estructura, funciones o conexiones»4.

Esto significa que, naturalmente, el cerebro busca la manera de mantenernos a flote. Es lo que hace, está químicamente programado para ayudarnos a navegar a través de las dificultades. Solo necesita entrenamiento.

Cuando intervenimos todo el tiempo en las decisiones de los demás y resolvemos sus problemas, definitivamente estamos simplificando su vida. Pero, ¿en realidad es eso lo que necesitan?

Diversos estudios han demostrado que adquirir nuevas habilidades promueve la plasticidad cerebral5. Por lo tanto, asumir nuevos retos y hallarles solución es importante para tener un cerebro sano. No deberíamos privar a otras personas de esta experiencia.

¿Cómo dejar de ayudar a los demás y permitir que encuentren su camino?

Dejar de hacer preguntas

Entre menos sepamos, mejor. En especial si nos cuesta rehusarnos a solucionar los problemas de otros.

Seamos honestos y hagámonos la siguiente pregunta: «¿Qué tan probable es que me ofrezca a ayudar si estoy al tanto de la situación de (persona)?»

Si la respuesta es: «Muy probable», lo mejor que podemos hacer es mantenernos al margen y no involucrarnos.

Dejar de pensar en los problemas de las personas

Nuestra mente necesita mantenerse ocupada, así no habrá espacio para pensamientos intrusivos como: «Deberías estar ayudando a (alguien)» o «Si no ayudas a resolver (ese problema), significa que eres una mala persona».

Todos estos juicios morales provienen de una perspectiva demasiado radical de la vida: la teoría de que solo hay personas buenas y malas, y que ciertas cosas te hacen bueno, mientras que otras te hacen malo.

¿Alguna vez, en toda la historia de la humanidad, ha funcionado dividirnos en «héroes» y «villanos»? La verdad es que encasillarnos solo ha causado malentendidos y sufrimiento. Además, el estudio de la personalidad demuestra que la psique es un mecanismo demasiado complejo como para reducirlo a dos polos.

Dejar de pensar en todos los problemas que tienen nuestros amigos o familiares no quiere decir que seamos crueles. Simplemente, es la dosis justa de egoísmo que todos necesitamos para no llevar a cuestas los dolores del mundo.

Para mantener la mente ocupada, solo necesitamos hallar una actividad que nos interese y aumentar el tiempo que le dedicamos. De vez en cuando, habrá pensamientos furtivos, así que también necesitaremos un conector para retomar lo que estábamos haciendo y reafirmar la atención de completar esa tarea. Por ejemplo:

«Justo ahora, estoy haciendo (actividad). Es muy importante que termine esto, porque (motivación)».

Hacer una lista de las desventajas de ayudar

Para cambiar un hábito, tenemos que desenamorarnos de él. Así lo haremos menos atractivo.

Estas son desventajas comunes del exceso de ayuda que algunas personas me han contado, puede que te sientas identificado con ellas:

  • «Entre más ayudo a los demás, menos tiempo tengo para mí»
  • «De tanto ayudar a las personas, me siento muy cansado física y mentalmente»
  • «Paso tanto tiempo pensando en las dificultades de los demás y en cómo resolverlas que no atiendo mis propias necesidades»
  • «Con el tiempo, parece que la gente solo me busca cuando me necesita»
  • «La gente me sigue llamando/escribiendo para que le ayude a solucionar el mismo problema»
  • «He llegado a sentir que mis amigos/familiares me usan porque saben que no me puedo negar a ayudarlos»

Después de enlistar todas las consecuencias negativas de nuestro exceso de ayuda, vamos a repasarlas detenidamente, buscando en nuestra memoria hechos concretos que respalden estas desventajas. ¿Para qué? De ese modo empezaremos a convencernos de que es importante establecer límites y que participar en los problemas de los demás no siempre es la manera más efectiva de ayudarlos.

Entender la diferencia entre ayudar e intervenir

Algo esencial para dejar de ayudar a las personas es entender que muchas veces, cuando pensamos que estábamos ayudando, en realidad estábamos interviniendo.

La definición de intervenir según la Real Academia Española es:

  • «Tomar parte en un asunto.»
  • «Someter algo a control o examen.»
  • «Tomar temporalmente una propiedad ajena».

La intervención constante puede hacernos sentir más estresados de lo normal y, por otro lado, impedimos que las personas ejerzan la capacidad de pensar e idear soluciones.

¿Qué pasa si dejo de ayudar a los demás?

Piensa en algún momento en el que hubieras preferido que alguien te escuchara y entendiera tu dolor, sin hacer absolutamente nada al respecto. ¿Te ha pasado?

Nuestro instinto nos dice que remediar el sufrimiento de otros es la mejor forma de ayudar, pero el remedio al sufrimiento no se puede transferir. La verdad es que toda herida, física o emocional, es localizada. No puedes adueñarte de ella para evitarle el proceso de cicatrización a otra persona.

Imagina tener la caja de un tesoro, con una llave única en el mundo, y que alguien tenga una caja exactamente igual, con una llave única en el mundo. El dolor es así: una caja idéntica a otras cajas, pero solo el dueño puede ver su contenido. Entender eso nos libera de la necesidad de ayudar a todos.

En pocas palabras, la gente comenzará a ayudarse a sí misma. Es posible que primero tengan que tocar fondo y que el sufrimiento o «choque con la realidad» se acelere como un proyectil. ¿Eso es malo? No necesariamente.

Supón que vas en tu coche tranquilamente y, de pronto, te quedas sin batería a mitad de la autopista. El peor escenario posible. Tienes que llamar a una grúa, desviar a los otros conductores y pasar un momento incómodo. Según tus cálculos, la batería tenía que durar otros 6 meses, pero ahora vas a tener que ir al taller de urgencia y cancelar tus planes. ¿Es una tragedia? ¡En absoluto! Ibas a tener que cambiar la batería de todas formas, solo tuviste que hacerlo antes. Es más, puede que el imprevisto te haya salvado la vida.

Así funciona el proceso de sanación cuando dejas de ayudar a los demás. Puede ser lento, puede ser incómodo, pero es un daño mucho peor suponer que lo puedes retrasar para siempre, o ponerle un parche encima.

El cuerpo y la mente son como un reloj de pared antiguo. Funciona con una precisión increíble, jamás hay errores de cálculo:

  • Sabes que algo no le sienta bien a tu estómago cuando te duele.
  • Sabes que alguien no le sienta bien a tu vida cuando te duele.

Así que no te preocupes, las personas van a sobrevivir sin tu ayuda. A largo plazo, descubrirás que hiciste lo mejor. Hacerte a un lado y permitir que esa persona encuentre la mejor solución a sus dificultades cambiará su vida para bien.


Referencias

  1. Boyd, D. (2011, noviembre 7). Compassion Fatigue. The American Institute of Stress. https://www.stress.org/military/for-practitionersleaders/compassion-fatigue
  2. Ph.D., G. W. (2019, mayo 21). 8 Questions to Check If You’re Emotionally Exhausted. Psychology Today. https://www.psychologytoday.com/us/blog/the-chronicles-infertility/201905/8-questions-check-if-youre-emotionally-exhausted
  3. Does your brain distinguish real from imaginary? (2014, October 30). David R Hamilton PHD. https://drdavidhamilton.com/does-your-brain-distinguish-real-from-imaginary/
  4. Puderbaugh M, Emmady PD. Neuroplasticity. 2021 Jul 22. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2021 Jan–. PMID: 32491743.
  5. 6 Ways to Rewire Your Brain. (2020, June 17). Healthline Media. https://www.healthline.com/health/rewiring-your-brain#video-games