Los lamentos del PP no convencen

Ya hemos pasado la etapa de “la herencia recibida”. Un periodo en el que el PP villalbino echaba la culpa de todos los males a la gestión del PSOE ya fuera en el Gobierno central o el Ayuntamiento de la localidad. Yo no voy a ser quien defienda el papelón que desempeñaron José Luis Rodríguez Zapatero o José Pablo González Durán, todos conocemos el resultado, pero lo que está claro es que este argumento se ha agotado.

Después de casi cinco años de gestión del PP en Collado Villalba el balance no puede ser más negativo: un ERE que supuso el despido de 39 trabajadoras y trabajadores, cesión de terrenos municipales a la Iglesia para la construcción de un templo, subida de tasas municipales, falta de limpieza y deterioro de los espacios públicos, ampliación de la zona ORA, imputación del anterior Alcalde y un concejal popular en la ‘Operación Púnica’ (posiblemente el episodio más bochornoso de la historia de nuestro pueblo),  y un largo etcétera.

La ciudadanía acude a las urnas cada cuatro años y resulta más que evidente que se trata de un ejercicio democrático insuficiente. Debe existir mayor información y cauces de participación que faciliten la intervención directa de las y los vecinos en los asuntos públicos. En los municipios es mucho más sencillo iniciar procesos de participación ciudadana, encontramos ejemplos de ello en muchos países del mundo.

En los Plenos municipales escuchamos los lamentos del PP. La nueva estrategia tras haber quemado la etapa de “la herencia recibida” es la falta de financiación para desarrollar políticas y de la situación en la que se encuentra el Ayuntamiento, especialmente debido a la falta de personal. Situación paradójica ya que lo que vivimos día a día en el Consistorio es responsabilidad del PP, al menos la de su última etapa. La escasez de personal está directamente relacionada con el despido de empleados públicos. Por su parte la ausencia de financiación tiene que ver con la disminución de los ingresos procedentes de la Comunidad de Madrid y del Gobierno Central, y la ausencia de un presupuesto municipal dedicado en gran parte a financiar mega-contratos. Todo ello, como decíamos, responsabilidad del PP que es quien pilota el Ayuntamiento, Comunidad y Gobierno central.

El PP de Mariola Vargas es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. No soluciona los problemas a los que se enfrenta el municipio cada día, pero tampoco facilita la participación ciudadana y la intervención de los grupos políticos municipales en los asuntos públicos. Únicamente hemos podido ver algunas pequeñas medidas de carácter cosmético enfocadas a mejorar la imagen del Equipo de Gobierno. Además, no saben trabajar en minoría buscando consensos y ello deja las políticas del Consistorio en el dique seco. Cada vez se agudiza más la situación de parálisis que vive el Ayuntamiento de Collado Villalba. De momento la muleta en la que se apoya el maltrecho PP es la formación de Julio Henche, Ciudadanos, que ha posibilitado sacar adelante acuerdos importantes (los sueldos de los concejales, la representación en órganos supramunicipales, Ordenanzas Fiscales y recientemente la modificación de la zona ORA).

Como dijo en un Pleno municipal Mariano Gómez, concejal de IU, “el PP es perjudicial para los intereses de Collado Villalba y sus vecinos” una frase que suscribo completamente. Gobernar desde la oposición es una tarea titánica si nos enfrentamos constantemente con la resistencia del Equipo de Gobierno. Después de las elecciones municipales de 2015 tenemos un gobierno en minoría pero el “periodo de prueba” ha terminado. El balance es negativo, se ha intentado influir en las políticas municipales desde los grupos municipales de la oposición y no ha sido posible. Por ello, no queda más remedio que plantear una alternativa de gobierno bajo un programa progresista que dé un impulso a nuestra localidad.

La corrupción, el monstruo de nuestros días

Cuando se habla sobre la corrupción escuchamos casi de todo, incluido eso de que`es una opción personal´. Desgraciadamente hoy en día nos encontramos a gente sin moral ni escrúpulos que decide beneficiarse haciendo uso de su cargo sin que nadie le ponga una pistola en la sien. En el caso de la Administración Pública hemos conocido demasiados casos en los que alcaldes y concejales se han enriquecido y prestado tratos de favor a terceros, incluso engañando a sus propios compañeros de partido.

Pero de lo que hoy toca hablar no es de un alcalde en concreto o una situación de un Ayuntamiento determinado, sino de la corrupción de ‘altos vuelos’, la corrupción estructural que ha quedado al descubierto cuando se han destapado escándalos tan vergonzantes como la Gürtel, Bárcenas o Púnica.

Estos casos han dejado claro que existe una corrupción sistematizada que ha recalado en el sector público y privado, y en la que participan, entre otros, grandes empresas, bancos y altos cargos de las Administraciones Públicas. Se han creado redes clientelares en las que diferentes instituciones y tramas corruptas trabajan de forma conjunta para alimentar a las organizaciones de criminales que se han marcado como objetivo saquear las arcas públicas. La corrupción es desgraciadamente el monstruo de nuestros días.

Después del sonrojo que producen, la estupefacción que te queda en el cuerpo, y el sentimiento de repulsa, siempre me resulta paradójico lo fácil y rápido que se ponen de acuerdo para robar mientras que cuando se trata de resolver los problemas de la ciudadanía todo son problemas: financiación, competencias impropias, disputas territoriales…

A mi juicio, la cuestión de fondo que provoca estos casos es que vivimos en un sistema corrupto, un gran monstruo que sólo admite a aquellas personas que no cuestionan el statu quo. No existe una división real entre el sector privado y público; lo que provoca que los intereses de unos pocos, de los poderosos que acumulan la mayoría de la riqueza de nuestro país y manejan el cotarro, se superpongan al los de la ciudadanía. Así que al final hay mafiosos que se acomodan tranquilamente en las instituciones para dar rienda suela a sus fechorías.

Los proyectos progresistas que intenten hacerse un hueco van a recibir todas las puñaladas traperas que puedan imaginar con tal de que no se vean en situación de gobernar nuestro país. Por eso es tan importante no darnos por vencidos. Es el momento de implicarnos más que nunca en la construcción de una alternativa política y que entre todos juntos aguantemos las embestidas que podamos recibir.

Desde hace unos meses miles de personas en todo el estado están participando en Ahora en Común, un espacio de confluencia con el objetivo puesto en presentar una candidatura de unidad popular a las próximas elecciones generales. El camino será largo y difícil pero, por primera vez en mucho tiempo, veo con ilusión la construcción de un proyecto unitario con el que el pueblo pueda conquistar su soberanía. Las elecciones generales del 20 de diciembre son importantes, pero solo una etapa más en el viaje que se ha emprendido. Tras los comicios tendremos que continuar batiéndonos el cobre pero desde luego estamos viviendo un esperanzador comienzo.