Leopardo de las Nieves

Un blog de Rita Arosemena–Perez sobre minimalismo y autonomía

En algún punto de mi vida, dejé de preocuparme por el dinero. También dejé de obsesionarme con la idea de ser una persona altamente productiva –lo que sea que eso signifique–.

Ahora, estoy obsesionada con encausar mi existencia. Me entusiasma convertirme en un ser humano medianamente decente, y con eso me refiero a:

  • Alguien que no empeora las cosas para otras formas de vida.
  • Alguien que se hace responsable de su huella de carbono, y toma acciones al respecto.
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Una suposición común es pensar que subir a la cima de una montaña es la parte más difícil. Y tiene sentido: nunca has estado ahí antes, no conoces el terreno…

Además, si ves el pico de una montaña desde abajo, la sensación es sobrecogedora. Estremece cada parte del cuerpo.

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Mi cerebro funciona extremadamente rápido. A veces, siento que mis pensamientos me atropellan y el solo ejercicio de reflexionar me deja exhausta.

Creo que soy la viva imagen de una generación neurótica, obsesionada con las transformaciones vertiginosas y los milagros financieros. Eso explica por qué tantas personas se han hecho una fortuna vendiendo métodos para hacerse millonario “sin esfuerzo”.

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El dinero es algo extraño. Puede ser la fuente de tu alegría o de tu sufrimiento, dependiendo de cómo lo manejes. La única diferencia entre disfrutar o temer cobrar cada mes se resume a un factor: cuánto gastas.

Recuerdo la excitación cuando pagué más de $300 dólares por un par de audífonos Sony con cancelación de ruido. Me sentí tan importante y madura...

Tenía otro par –perfectamente funcional– en casa. Fue uno de esos gastos impulsivos que nunca llegas a justificar del todo, y que duele ver en los estados de cuenta.

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Como autónomo, te sientes entusiasmado por la posibilidad de conseguir tu primer proyecto o dos. Pero, poco después, te das cuenta de que esta vida no es gratis.

Trabajar como autónomo tiene desafíos. Como freelance que lleva más de 7 años en el negocio, pero solo 2 años disfrutando de la libertad financiera, he aprendido algunas lecciones con sudor y trasnocho.

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Esta es una llamada para que te unas a mí en la tarea de ser un poco más productivo cada día. Pero no te preocupes: no te voy a pedir que te comprometas a trabajar 18 horas al día.

En cambio, he descubierto que puedo ser el doble de productiva trabajando 2 horas, tomando un descanso de 8 horas, y trabajando 2 horas más. Aunque solo son 4 horas de trabajo al día, ser productivo significa ser capaz de hacer más en menos tiempo.

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