La corrupción, el monstruo de nuestros días

Cuando se habla sobre la corrupción escuchamos casi de todo, incluido eso de que`es una opción personal´. Desgraciadamente hoy en día nos encontramos a gente sin moral ni escrúpulos que decide beneficiarse haciendo uso de su cargo sin que nadie le ponga una pistola en la sien. En el caso de la Administración Pública hemos conocido demasiados casos en los que alcaldes y concejales se han enriquecido y prestado tratos de favor a terceros, incluso engañando a sus propios compañeros de partido.

Pero de lo que hoy toca hablar no es de un alcalde en concreto o una situación de un Ayuntamiento determinado, sino de la corrupción de ‘altos vuelos’, la corrupción estructural que ha quedado al descubierto cuando se han destapado escándalos tan vergonzantes como la Gürtel, Bárcenas o Púnica.

Estos casos han dejado claro que existe una corrupción sistematizada que ha recalado en el sector público y privado, y en la que participan, entre otros, grandes empresas, bancos y altos cargos de las Administraciones Públicas. Se han creado redes clientelares en las que diferentes instituciones y tramas corruptas trabajan de forma conjunta para alimentar a las organizaciones de criminales que se han marcado como objetivo saquear las arcas públicas. La corrupción es desgraciadamente el monstruo de nuestros días.

Después del sonrojo que producen, la estupefacción que te queda en el cuerpo, y el sentimiento de repulsa, siempre me resulta paradójico lo fácil y rápido que se ponen de acuerdo para robar mientras que cuando se trata de resolver los problemas de la ciudadanía todo son problemas: financiación, competencias impropias, disputas territoriales…

A mi juicio, la cuestión de fondo que provoca estos casos es que vivimos en un sistema corrupto, un gran monstruo que sólo admite a aquellas personas que no cuestionan el statu quo. No existe una división real entre el sector privado y público; lo que provoca que los intereses de unos pocos, de los poderosos que acumulan la mayoría de la riqueza de nuestro país y manejan el cotarro, se superpongan al los de la ciudadanía. Así que al final hay mafiosos que se acomodan tranquilamente en las instituciones para dar rienda suela a sus fechorías.

Los proyectos progresistas que intenten hacerse un hueco van a recibir todas las puñaladas traperas que puedan imaginar con tal de que no se vean en situación de gobernar nuestro país. Por eso es tan importante no darnos por vencidos. Es el momento de implicarnos más que nunca en la construcción de una alternativa política y que entre todos juntos aguantemos las embestidas que podamos recibir.

Desde hace unos meses miles de personas en todo el estado están participando en Ahora en Común, un espacio de confluencia con el objetivo puesto en presentar una candidatura de unidad popular a las próximas elecciones generales. El camino será largo y difícil pero, por primera vez en mucho tiempo, veo con ilusión la construcción de un proyecto unitario con el que el pueblo pueda conquistar su soberanía. Las elecciones generales del 20 de diciembre son importantes, pero solo una etapa más en el viaje que se ha emprendido. Tras los comicios tendremos que continuar batiéndonos el cobre pero desde luego estamos viviendo un esperanzador comienzo.