Tus propios límites

Vistas de la Cuerda Larga desde La Pedriza

Me encanta perderme algunos días por la Sierra de Guadarrama, aunque sea sólo. Es indescriptible la sensación de libertad que experimento cuando sé que todo lo que necesito para los próximos días está dentro de mi mochila. Esas salidas son para mi pequeñas aventuras en las que voy buscando mis propios límites. A muchos montañeros les parecerán insignificantes y si las comparamos con las expediciones de pioneros como Nansen, Amundsen o Shackleton no llegan ni a la categoría de mal chiste. Si me hubiera aficionado por el montañismo de niño probablemente la cosa sería muy diferente y habría tenido mucho más tiempo para practicar este deporte, logrando retos mayores. Pero no ha sido así.

Tras leer el último número de la revista Desnivel me puse a pensar sobre esta cuestión. La publicación trataba la controversia surgida entorno a las diferentes formas de entender el alpinismo. El debate me parece totalmente intrascendente. Este deporte no es propiedad de nadie y cada cual puede practicarlo como le venga en gana. No está sujeto a reglamentos ni normas más allá de las del sentido común, el respeto a los demás y al medio ambiente. Las auténticas polémicas surgen de la convivencia entre deportistas, como fue la surgida en 2012 cuando Jason Kruk y Hayden Kennedy  hicieron desaparecer la vía Compresor del Cerro Torre, equipada por Cesare Maestri 42 años antes. Hay quienes creen estar por encima de otros simplemente por haber completado retos mayores y se atribuyen una autoridad que no tienen para sentar cátedra.

Cerro Torre

La verdadera aventura consiste en buscar tus propios límites. Seguro que para Felix Baumgartner lanzarse al vacío desde casi 40.000 metros de altura fue un reto personal, para mi sería impensable. Mis objetivos deportivos más inmediatos se encuentran a algunas horas de autobús y me emocionan tanto como cualquiera de las proezas citadas a sus autores. Si algo he aprendido del montañismo es que ninguna ruta sacia el ansia por alcanzar nuevos hitos. Cuando estoy volviendo de alguna de mis salidas siempre pienso en en lo bien que estaría atacar nuevos recorridos. Así que no me conformo con lo que he alcanzado aunque sé saborear el camino hacia mis próximas aventuras.

 

Una nueva perspectiva

Vivimos tiempos de cambios. Nuevas formas de entender el mundo, la economía, la información, las relaciones personales… Cambios en los que la inmediatez está muy presente. Hemos abandonado placeres como esperar tranquilamente la llegada del próximo autobús o divagar sobre lo que nos ha contado alguien. Esta situación nos crea nuevas necesidades. Por ejemplo, dependemos de nuestros teléfonos móviles para conocer instantáneamente lo que piensan otros, no podemos perder ni un segundo. La velocidad que ha adquirido la sociedad nos impide detenernos a disfrutar. Si algo nos llama la atención, no lo dudamos, desenfundamos el teléfono para fotografiarlo y colgarlo en las redes sociales. Lo hacemos de forma automática. Probablemente si preguntamos a algunos usuarios activos de las redes sociales por sus últimas publicaciones tengan que detenerse a pensar.

Hace tiempo decidí comenzar a tomarme la vida de forma diferente, saber hacer una pausa para comportarme de forma racional y no como un autómata al servicio de la tecnología del nuevo mileno. Reconozco que no es fácil y en ocasiones  sigo la corriente, es imposible nadar en solitario y a la contra de forma permanente. Tampoco quiero convertirme en un ermitaño desconectado del mundo digital. Por ello este blog no es un símbolo de rendición a las nuevas costumbres sino un ejemplo de que podemos aprovechar sus bondades, porque alguna tienen, sin renunciar a los placeres de siempre.

Es imposible transmitir en una foto la satisfacción que supone saber que has encumbrado cuando tus pulmones, acostumbrados a la llanura de Madrid, no dan abasto. La alegría de ver crecer a las últimas incorporaciones de la familia tampoco se puede explicar en ciento cuarenta caracteres. La vida nos ofrece una gran variedad de golosinas aunque mientras llegamos a ellas tengamos degustar algún momento amargo de lucha, sangre, sudor y lágrimas. No todo iba a ser de color de rosa. Quiero disfrutar de esos dulces, y es compatible con relacionarme con otras personas por las redes sociales y compartir, una de las mejores cualidades que puede desarrollar el ser humano.